Creemos que todos los creyentes forman parte de la Iglesia[1], el cuerpo de Cristo (Efe 1:22-23), al ser bautizados en el Espíritu Santo (Rom 8:9; 1 Cor 12:12-13).
Creemos que cada creyente es un sacerdote, con plena libertad para relacionarse directamente (sin intermediarios) con Dios y servirle (I Pedro 2:5). No obstante, tenemos la responsabilidad de congregarnos en iglesias locales, donde podemos animarnos unos a otros, estudiar juntos la Biblia, y servirnos mutuamente (Heb 10:24-25).
Creemos que el bautismo en agua (Mat 28:19; Hch 18:7–8) por inmersión (Hch 8:38-39), y la Cena del Señor[2], [3] (Lucas 22:19–20; 1 Cor 11:26) son las ordenanzas para los discípulos de Cristo[4].
Creemos que el gobierno (dirección) de la iglesia local debe ser plural (Hch 14:23) y masculino (1 Tim 2:12) de parte de quienes cumplen requisitos específicos (1 Tim 3:1-7; Tito 1:5).
Creemos que la Iglesia debe estar involucrada activamente en el evangelismo, alcanzando a otros con el mensaje de salvación sólo en el Señor Jesús (Mat 28:19) con compasión y amor (Gal 6:9,10). Así mismo la Iglesia debe estar edificando a los creyentes, fortaleciéndolos (Efe 4:16).
Creemos que cada creyente es llamado a tener un testimonio de vida consecuente con su fe, que impacte su mundo con el fin de atraer a muchos a Cristo (Juan 17:18;2 Cor 5:18–20; Tito 2:10). El Espíritu Santo capacita a cada persona salva para el servicio (1 Cor 12:4–11).
Creemos que el creyente ha sido llamado para andar conforme a lo que ordena Dios (Rom 6:11–13). Sin embargo, necesitamos que Dios nos dé tanto el deseo como la capacidad de obedecerle (Filip 2:13). Aun siendo habitados por el Espíritu Santo, seguimos teniendo deseos en nuestra carne que se opone a nuestra obediencia a Dios (Gal 5:17). Por eso, necesitamos mantenernos constantemente sujetos a Cristo, guiados por el Espíritu Santo (Gál 5:16; Efe 4:22–24; Col 2:6), para obtener victoria espiritual (Rom 8:37) y experimentar la vida abundante en Cristo (Juan 10:10). Si no nos sujetamos a Cristo, el pecado se manifestará en nuestras vidas, para nuestra derrota y deshonra de nuestro Señor (1 Juan 1:4-10 7; 2:28).
Creemos que, al ser miembros los unos de los otros (Rom 12:5), los seguidores de Cristo tenemos la responsabilidad de buscar la paz y tratarnos con amor, aunque tengamos diferencias (Efe 4:3-6; Col 3:14-15).
[1] La Iglesia tuvo su inicio en el día de Pentecostés (Hechos 2), desde cuando el Espíritu Santo comenzó a habitar de forma permanente en los creyentes.
[2] Los elementos de la Cena representan el cuerpo y la sangre de Cristo de manera simbólica; Jesús fue sacrificado una sola vez
(Hebreos 9:26,28)
[3] Siguiendo el ejemplo de los primeros creyentes en nuestras iglesias locales generalmente celebramos la Cena cada domingo (el primer día de la semana) (Hechos 20:7).
[4] La participación de las ordenanzas es una manifestación de obediencia del creyente (Juan 14:21) y le trae bendición espiritual; sin embargo, no afecta a su salvación.